Los Robots están Empezando a Tomar Decisiones en el Quirófano

Los Robots están Empezando a Tomar Decisiones en el Quirófano

Imagina una sala de operaciones del futuro cercano: luminosa, moderna y con un brazo robótico de aspecto elegante al lado de la mesa quirúrgica. Aunque este robot no operará por completo sin ayuda humana, sí realizará tareas clave con una precisión milimétrica y un riesgo notablemente reducido.

Su paciente es uno de los más de 150,000 diagnosticados cada año con cáncer de colon solo en Estados Unidos. El único tratamiento curativo es la extirpación del tejido enfermo, idealmente mediante una cirugía laparoscópica mínimamente invasiva. Pero esta intervención no es sencilla. El éxito depende en gran medida de la habilidad y experiencia del cirujano, y las complicaciones ocurren en hasta un 16% de los casos, afectando seriamente la calidad de vida del paciente e incluso poniendo en riesgo su vida. La esperanza es que los robots quirúrgicos autónomos cambien este panorama.

Durante la operación, el robot asistirá en las tareas más delicadas. Primero, el cirujano eliminará el tumor manualmente, y luego el robot se encargará de suturar el colon con una precisión submilimétrica, algo que simplemente está fuera del alcance humano. Esto permitirá una línea de sutura más fuerte y uniforme, reduciendo el riesgo de filtraciones, una complicación grave y potencialmente mortal.


Un poco de historia: de la industria a la sala de operaciones

Los robots quirúrgicos no son una novedad. El primer uso documentado fue en 1985, cuando un brazo robótico industrial fue adaptado para guiar una aguja en una biopsia cerebral. A pesar del éxito del procedimiento, el fabricante detuvo su uso por razones de seguridad. No fue hasta 1994 que se aprobó el primer robot quirúrgico oficial, AESOP, un brazo robótico controlado por voz para posicionar cámaras laparoscópicas.

El verdadero salto vino en el año 2000 con el sistema Da Vinci, que permite a los cirujanos controlar instrumentos diminutos con altísima precisión. Aunque inicialmente hubo resistencia, en especial por parte de los mismos cirujanos, en la última década el uso de robots en quirófano ha aumentado exponencialmente. Por ejemplo, hoy más del 90% de las cirugías de próstata en EE. UU. se realizan con asistencia robótica.

La primera versión de STAR suturó un segmento de intestino delgado extraído a través de una incisión. RYAN DECKER


El gran reto: autonomía real

Pero lo que se está desarrollando ahora va más allá de la asistencia: hablamos de robots quirúrgicos autónomos, capaces de realizar tareas complejas por sí solos. Y no se trata de ciencia ficción. La necesidad es urgente: hay escasez de cirujanos y una creciente demanda de cirugías. Según un informe de 2024, en EE. UU. habrá un déficit de hasta 19,900 cirujanos para 2036.

Aquí entran en juego robots como STAR (Smart Tissue Autonomous Robot), desarrollado por un equipo de la Universidad Johns Hopkins. En 2016, STAR realizó con éxito una cirugía de tejido blando completamente autónoma en un animal vivo, suturando intestinos con mejor resultado que los humanos: menor daño colateral, más precisión y una línea de sutura más resistente.


La clave: visión artificial y planeación quirúrgica en tiempo real

Los desafíos para alcanzar la autonomía completa son enormes. A diferencia de un entorno de fábrica, el cuerpo humano es impredecible. Los tejidos blandos se mueven, cambian de forma, sangran. Presionar un poco puede alterar completamente el campo quirúrgico. Para solucionar esto, STAR incorporó cámaras duales: una para obtener imágenes 3D y otra infrarroja para rastrear marcadores en tiempo real. Esta combinación permitió al robot reajustar su plan quirúrgico si los tejidos se desplazaban, manteniendo una precisión sin precedentes.

Y la evolución no se detuvo ahí. En 2020, una versión más avanzada de STAR realizó la primera cirugía laparoscópica autónoma en un animal vivo. Este sistema usó una endoscopía 3D miniaturizada, nuevos algoritmos de aprendizaje automático para rastrear tejidos sin marcadores, y una capacidad impresionante para suturar casi seis veces seguidas antes de requerir intervención humana.


Lo que viene: inteligencia, precisión y responsabilidad

El futuro inmediato no solo requiere robots con mejor visión y motricidad, sino también la capacidad de entender lenguaje natural. Pronto, podríamos ver a cirujanos diciendo frases como “sujeta el tejido a la izquierda” y que el robot lo ejecute sin ecuaciones ni controles manuales. Para lograr esto, se están desarrollando controladores robóticos basados en IA que aprenden de videos quirúrgicos reales y pueden adaptarse a nuevas situaciones.

Eso sí, el progreso técnico viene acompañado de dilemas éticos. ¿Quién es responsable si un robot comete un error? ¿El cirujano, el fabricante, el desarrollador del software? Este tipo de preguntas deben resolverse con urgencia antes de que los robots autónomos lleguen a los quirófanos de forma masiva.


Referencias Bibliográficas: BESydney. (2025, 23 mayo). Exploring the Science and Technology of Spoken Language Processing. IEEE Spectrum. https://spectrum.ieee.org/international-conferences-sydney

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